jueves, 11 de junio de 2009

La chica del paseo

El sábado por la tarde el paseo marítimo estaba tan lleno como siempre. Él disfrutaba de una carrera contra si mismo sorteando viandantes, palmeras y algún que otro perro que corría suelto. Le encantaba la bicicleta y aunque hacía mucho que no la cogía para hacer un recorrido tan grande sin duda aquel, el de la playa, era el que más le gustaba.

No le gustaba demasiado tostarse al sol de la arena sin hacer nada y prefería más una buena sombra en la que echarse a dormir, leer o simplemente ver pasar la gente. Llegó al final del paseo marítimo y zigzagueó poco a poco mientras su bici se detenía.

Sentada en un banco estaba ella. Una chica de unos treina años, su pelo rúbio y ondulado se alborotaba por la brisa salína del mar levantino mientras todo su cuerpo expedía un aire triste y melancólico. Tenía las piernas pegadas al pecho y sus brazos las rodeaban. Su mirada se perdía en la inmensidad de un mar azul oscuro y la ausencia de brillo hacía que todo su contorno brillara más que ella misma.

Él se apeó de la bici. Miró al mar, la miró a ella. La chica por un instante reparó en él y le miró con una cara de astio considerable. Otro más, otro chico más que seguro viene a molestarme y hacer de mi vida una maldita desgracia. El chico no dijo nada en absoluto. Simplemente dejo la bicicleta apoyada en el suelo y se sentó a poco más de dos metros al lado de ella, pero en el suelo y un poco adelantado. Le daba la espalda por completo pero decidió quedarse allí hasta que hiciera falta.

Pasaron los minutos y ninguno decia nada. Él, de tanto en tanto echaba una ojeada atrás para ver si ella aun continuaba ahí y si ya había dejado de estar tan triste. Ella, de preguntaba quien sería ese chico que se había sentado ahí y que parecía no tener la más mínima intención de marcharse. Trás un tiempo que pareció eterno, aunque tan solo fueron treina minutos, ella se levanto, se limpió las legañas de la cara y con una voz ronca, ahogada por el mutismo, dijo: "Gracias". Y se marchó.

Él sonrió para adentro, se levanto, tomó su bici, montó en ella y continuó su camino.

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Ayer fué un día de SMS. Repartí, espero, unas cuantas sonrisas en una calurosa tarde de primavera. Y es que apenas tengo tiempo de mucho. Espero empezar a estar más libre a partir de mitades de la semana que viene. A ver si así puedo empezarme el libro de "la catredral del mar".

Hmmm Solo me Contestó Bea, aunque Marta me llamó y nos pasamos un buen rato charrando por teléfono y eso que a mi no me gusta demasiado hablar por telefono. Prefiero hacerlo en persona aunque al principio nunca se que decir ni de que hablar. Me encantan las conversaciones como las de ayer que te pones a contar tonterías y parece que no terminas nunca.

Hoy he salido en bici, entre otras cosas porque tenía que ver a mi padre que hoy hacía de juez en el tribunal de las aguas, y de paso he hecho un poquito de deporte ¡¡abdominales incluidas!! Si no fuera porque el sol quema cantidad lo huviera alargado más tiempo. La semana que viene o salgo aprimera hora de la mañana o a partir de las 7 de la tarde.

That is all. End of report!

2 comentarios:

the Howling Haze dijo...

Qué bonita hitoria. Qué veraniega :)
La ultima vez que alguien se sentó junto a mí en un banco...mala experiencia xD

Pues no creas, si que me he hecho mi propia muñeca de "trapo", con articulación y todo, y maquillada, pero no era muy práctica, y pesaba taaaaaan poco (era de espuma) que daba cosa cogerla.

Nada, siempre está bien tener un motivo para ahorrar :)
Baaaaaai

Lupen dijo...

Mola la idea, se podría hacer un corto haber que tal sale... pero yo le daría un final un poco más gore y violento. Digamos que la chica podría ser un fantasma que estaba allí esperando aún el regreso de su amado de más alla del mar