domingo, 14 de septiembre de 2014

Petrificado

He perdido la batalla. Perdido en mi lucha intensa que nadie escucha. He terminado arrollado, zapateado e inmovilizado en un estado catatónico más próximo a la inexistencia que a la vida misma. Veo pasar la gente, veo pasar los sonidos en ondulaciones armónicas, veo los olores como burbujas que entremezcladas navegan por los cielos. Pero yo nada, sigo petrificado. Me han arrancado algo de dentro de alguna forma quirúrgica. Sin dolor ha sido extirpada y ya no siento más que la necesidad de la soledad y de apartarme del mundo. De dejar de existir y que se me lleve el viento. 

Es duro inexistir en la existencia de cuantos te rodean. Pero que bien sentaría desaparecer, ser un recuerdo y en ocasiones ni tan siquiera eso. Abandonarme al vacío, a la nada. Un manto de color ambiguo que te abrace amoroso envolviéndote por siempre de todo y de todos.

No quisiera esta experiencia para nadie. La pequeña s lo llamo muerte en vida. Y que muerte es ésta que ni llegando la ansias y al mismo tiempo la desprecias. 

domingo, 30 de junio de 2013

Teatrero

Me llama.

El picor en los labios y el sudor en la frente. Se desfloran los sentimientos marchitos en el rosal de espinas y un tumulto enloquece en el exterior.

Se mezclan los colores del pasado y del presente entre calles levantadas hasta altas horas de la noche. Descubro en las luces el cansancio de mis pies que decidieron parar a descansar por el camino. Eché raíces aquella noche y ahora, ahora que pasan los días entre incógnitas me pregunto si arraigaré. En ocasiones me veo en tercera persona, como un espectador que asiste a una obra incompleta a la que le bajan el telón negro al final de cada día y en la mañana se vuelve ha alzar para que la función continúe.

Tal vez el taquillero me cobró demasiado, o quizás espera a la salida del teatro por si tienen que haber devoluciones. Todas la butacas están vacías y los actores no paran de entrar en escena mas siempre esta ese mismo cuerpo en el centro de todas ellas.

La función termina por hoy, buenas noches y vuelvan ustedes mañana. Silencio al salir, que el artista duerme.

lunes, 20 de mayo de 2013

Nacida del fuego

Abrasadora presencia la suya. No llevaba nada aquella noche y fuera el frío imperaba. No era la calefacción, ni la manta, ni tan siquiera la proximidad de otro cuerpo afín que pudiera aportar un poco de calor.

Nacida de las llamas vivía el día con su pelo tiznado y su piel blanquecina de la ceniza en su cuerpo depositado. Pero por la noche era bien distinta. Poco a poco se inflaba su pecho que como un fuelle le iba dando color ocre a su cuerpo. Su cabello rizado comenzó a revolotear incandescente en un refulgente espectro rojizo que iba desde el más enérgico blanco del calor más puro, pasando por el rojo sangre y acabando por un color óxido que parpadeaba cambiante a cada una de sus exhalaciones.

Hallome en semejante lecho y junto a tal espécimen que no tuve a menos que desprenderme de cuantos objetos recubrían mi cuerpo. Yo, de naturaleza más fría y dura, sentía como las hebras de mi musculatura se distendían sucumbiendo al calor reinante. Se relajaban mis miembros en su forma más gustosa y como una polilla a la luz me acercaba más hacia ese fuego que ya levantaba ampollas en mi piel sudorosa.

Me aferré a ella, a las mismas llamas y al mismo cuerpo que desprendía semejante cantidad de calor y entre jadeos me sentí fundido a él. Poco a poco me envolvió la esfera brillante tras la que veía prender todo cuanto había al rededor; libros, estantes, ropa, sábanas... Me consumía entre espasmos, lejos ya del relax de mi cuerpo ahora era todo tensión, fuego liberado y el bailar con las llamas mientras me sentía desprender de mi piel, de mi carne, de mis huesos.

Ya solo quedó mi alma, en aquella habitación, junto a esa mujer nacida del fuego. Las paredes ennegrecidas y el atisbo del resplandor de un nuevo día asomándose por la rendija de la habitación. Un nuevo día nació y yo me vi consumido por aquel fuego al que ahora sigue mi alma hagan o no hagan caso los restos de mi cuerpo calcinado.

sábado, 27 de abril de 2013

De valencia y otros menesteres

Quién diría en mi tierna infancia que con mis manos te trataría. Hoy amaneces sombría mas siempre eres soleada y repleta de algarabía. Recorro tu bronceado cuerpo cada día y lo visto de telas diversas; unas verdes, otras blancas y al otoño castañas. Te prendo fuego al llegar el frío invierno y en verano nos bañamos juntos con agua dulce y fresca.

Me das lo mejor de ti año tras año y yo sigo a tu lado, desde que nací se que te tuve entre mis manos. Te veo en toda tu gloria y no puedo dejar escapar un triste lamento pues siento que poquito a poco te estás perdiendo. En unos años, no muy lejanos, perderás gran parte de tu hermosura. Arrugas revueltas te cruzarán la cara y perderás parte de ese dulzor aroma a azahar que me brindas. Pese a ello te seguiré cuidando, te seguiré amando, hasta que no me queden fuerzas o el hambre de mis tripas sea tan grande y tu sustento tan pequeño que tenga que alejarme, aunque siempre te mire con anhelo, amor y vehemencia.

lunes, 15 de abril de 2013

La espada sin filo

Hoy es una nueva noche en la que siento mi mano aferrar el mango de la espada. Una nueva noche en la que siento en la yema de mis dedos el hormigueo de alzar la voz al cielo, deshilvanar las mentiras y los miedos, romper muros y destrozar ventanales.

Es una noche de volver a la libertad de no sentir trabas, ni miedos ni esclavas. Se desata la lucha contra un ser invisible y ajeno que dista mucho de encontrarse cerca. Estudio el campo de batalla y trazo el curso de acción. Es un arduo combate, una lucha suicida en la que se que jamás seré vencedor pero en la que siempre me adentro. No tengo miedo a la pelea, no tengo miedo a las heridas o a caer en combate. Tan solo temo que mis acciones no hagan mella, que no sean lo suficientemente heroicas como para cambiar el curso de una batalla. Se que nunca ganaré la gran guerra, pero guerrillero soy, de los de montaña que se esconde en cuevas y lanza ataques desesperados y locos.

Hoy saco de su vaina mi espada sin filo. Por ti que no sientes la fuerza, por ti que te hundes en ti mismo y te asfixias con una cuerda de seda. Lucharé por ti, por tus fuerzas usurpadas y por la promesa de volver a ver risas en tu cara.