viernes, 6 de enero de 2012

Envidia ciega y sana

La pasión. Ella es quien mueve a mucha gente a lo largo de su vida. La pasión por el deporte, por la música, por los viajes, por la gente, por la escritura... Es un sentimiento, un modo de llegar a ver un aspecto de la vida que se me escapa por completo y ello me hace sentir envidia.

El ejemplo más cercano que he tenido en mi vida ha sido Miguel y su pasión por el baile. Ello le llevó siendo joven a estudiar danza clásica en una prestigiosa escuela de Madrid donde tuvo que mudarse el solo desde bien joven y empezar con ello. Pese a que no logro entrar en ninguno de esos prestigiosos grupos de danza continuó con su pasión y poco a poco ha ido labrandose un presente y un mejor futuro enseñando a muchos otros ese arte del baile.

He ido a unas pocas de sus actuaciones y siempre he quedado embelesado por el movimiento rítmico de sus pies y la elegancia de los cuerpos de esas personas al desplazarse por la pista.

Quizás no sea una persona con pasiones, personalmente no lo sé. Pero si que sé que siempre que he encontrado a una persona con una pasión y se sentía insegura con ella he hecho todo lo posible por animarla y hacerla seguir con su sueño o cuanto menos, intentarlo.

La vida es dura y no siempre se puede conseguir lo que uno desea o anela(que me lo digan a mi)

Siendo más introspectivo, el hecho de decir que soy una persona desapasionada quizás no sea del todo real... he sentido pasión en algunas ocasiones pero más como algo fugaz que como algo permanente. Me pregunto si alcanzaré algún día a sentir ese impulso de hacer y permanecer haciendo algo que me entusiasme por muy duro y pesado que se pueda llegar ha hacer.

Adoro a la gente apasionada. Disfruto con ellos y de ellos he llegado a nutrir en cierta medida mis deseos por algo más que la mera existencia.

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